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PILAR CUATRO: LECCIÓN TREZ

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Tu historia de dolor

Cierto día, David preguntó: «¿Hay alguien de la familia de Saúl que aún siga con vida, alguien a quien pueda mostrarle bondad por amor a Jonatán?». Entonces mandó llamar a Siba, un hombre que había sido uno de los siervos de Saúl. –¿Eres tú Siba? –le preguntó el rey. –Sí, señor, lo soy –contestó Siba. Enseguida el rey le preguntó: –¿Hay alguien de la familia de Saúl que todavía viva? De ser así, quisiera mostrarle la bondad de Dios. Siba le contestó:

–Sí, uno de los hijos de Jonatán sigue con vida. Está lisiado de ambos pies. –¿Dónde está? –preguntó el rey. –En Lodebar –le contestó Siba–, en la casa de Maquir, hijo de Amiel. Entonces David mandó a buscarlo y lo sacó de la casa de Maquir. Su nombre era Mefiboset; era hijo de Jonatán y nieto de Saúl. Cuando se presentó ante David, se postró hasta el suelo con profundo respeto.

David dijo: –¡Saludos, Mefiboset! Mefiboset respondió: –Yo soy su siervo. –¡No tengas miedo! –le dijo David–, mi intención es mostrarte mi bondad por lo que le prometí a tu padre Jonatán. Te daré todas las propiedades que pertenecían a tu abuelo Saúl, y comerás aquí conmigo, a la mesa del rey. Mefiboset se inclinó respetuosamente y exclamó: –¿Quién es su siervo para que le muestre tal bondad a un perro muerto como yo?

Entonces el rey llamó a Siba, el siervo de Saúl, y dijo: –Le he dado al nieto de tu amo todo lo que pertenecía a Saúl y a su familia. Tú, tus hijos y tus siervos cultivarán la tierra para él, para que produzca alimento para la casa de tu amo. Pero Mefiboset, el nieto de tu amo, comerá aquí, a mi mesa. (Siba tenía quince hijos y veinte siervos). Siba respondió: –Sí, mi señor el rey, yo soy su siervo y haré todo lo que me ha ordenado.

A partir de ese momento, Mefiboset comió a la mesa de David, como si fuera uno de los hijos del rey. Mefiboset tenía un hijo pequeño llamado Mica. A partir de entonces, todos los miembros de la casa de Siba fueron siervos de Mefiboset. Y Mefiboset, quien estaba lisiado de ambos pies, vivía en Jerusalén y comía a la mesa del rey.

2 Samuel 9:1-13 (NTV)

Lee este pasaje en voz alta en la próxima reunión del grupo. Había un hombre llamado Mefiboset, que estaba en la línea de ascensión
para ser el próximo rey de Israel. Su padre, Jonatán, había sido muerto en un combate contra los filisteos, y Dios hizo algo que solo Él podía hacer; pasó por sobre Mefiboset sin violarlo en el proceso y puso a un familiar desconocido en el trono.

Nosotros no vemos a David como un desconocido, pero su propio padre lo vio esencialmente sin valor. Cuando Samuel, el profeta, miró detalladamente a los siete hijos que Isaí había alineado ante él para que escogiera, quedó desconcertado. El Señor no le dejó ungir a ninguno de ellos para ser rey. “¿Son estos todos tus hijos?” –preguntó Samuel. Esta fue una pregunta atrevida porque un padre hebreo obviamente le presentaría todos sus hijos a Samuel para que alguno fuese elegido rey. Pero, sorprendentemente, Isaí respondió:
“No, queda el más pequeño”. La Nueva Versión Internacional usa la palabra más “pequeño”; el término hebreo es kaw-tawn’, que es fácilmente traducido como “el que no vale nada”.

David no era bien apreciado por su familia de origen. Me hace sospechar que, como yo, fue un hijo ilegítimo. No lo puedo probar, pero el punto principal es que él no era el hijo favorecido. Aun así, era favorecido ante los ojos de Dios. Lo puedes ver en los comentarios del Señor a Samuel antes de enviarlo a la casa de Isaí.

Ahora bien, el Señor le dijo a Samuel: –Ya has hecho suficiente duelo por Saúl. Lo he rechazado como rey de Israel, así que llena tu frasco con aceite de oliva y ve a Belén. Busca a un hombre llamado Isaí que vive allí, porque he elegido a uno de sus hijos para que sea mi rey.
1 Samuel 16:1 (NTV)

Traducción: “Samuel, he encontrado a un hombre con su corazón tras el mío. Encontré a un joven pastor en el monte de Judea. Él está danzando ante mí, escribiéndome canciones de amor y enviándome besos. Este es el hombre que quiero que sea el próximo rey de Israel”.
Es fascinante ver a Dios llamar a alguien que no se supone que deba estar en una posición de exaltación. Él puede sacarlo de la alcantarilla y traerlo a un lugar de gracia y poder. ¡Dios tomó a David de la alcantarilla más profunda!

Se puede ver cuando un hombre se da cuenta de esta realidad en su vida. Su adoración no es plástica ni mecánica, sino profunda, del alma. El primer libro que leí en la Biblia fue el libro de los Salmos. Solía llevar conmigo un pequeño Nuevo Testamento y los Salmos en el bolsillo de mi traje de vuelo. Cuando tenía un momento libre entre vuelos como instructor, sacaba los Salmos y empezaba a leer. Me sorprendía la pasión y el poder de la adoración de David. Él tomó la vida en sus manos y peleó profundamente con las vicisitudes de la existencia diaria en un mundo caído. Aun así siempre parecía sujetarse del amor de Dios por él y de su amor por Dios. Sí, el hombre también era un adicto sexual. ¡David era una increíble fusión de contradicciones como muchos de nosotros!

David podía ser impresionantemente gentil, y lo puedes ver en su pregunta, “¿No queda nadie de la familia de Saúl a quien yo pueda bendecir?”. Esta es una pregunta alucinante porque Saúl lo había perseguido como un perro por más de una década. El hombre buscó todas las maneras posibles para matar a David. Aun así David responde con tanta gentileza en busca de bendecir a alguien de la familia de Saúl. Qué panorama tan poderoso, de un hombre que sabe que todo lo que tiene es un regalo de Dios. El sirviente Siba le informa que aún queda un nieto, Mefiboset, que vivía en Lodebar. Amo absolutamente como la Nueva Versión Internacional expresa la respuesta de David.

Entonces envió el rey David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar. 2 Samuel 9:5

La palabra que se traduce como “trajo“se refiere a “halar o sacudir a alguien de algo”. Esa es una descripción gráfica de lo que la gracia de Dios ha hecho en tu vida, ¿no es así? Tal vez creciste en un hogar “cristiano perfecto” y entregaste tu corazón a Dios antes de entrar al jardín de niños. Sin embargo, Dios te sacó del hoyo del infierno. Para los hombres como yo, que no tenemos un trasfondo como ese, el “buscar” es un concepto bastante fácil de entender. Yo conocí a Cristo mientras mataba a hombres a poca distancia.

Pero no importa si conociste a Cristo en medio de una guerra o durante la clase de escuela dominical; todos hemos sido sacados del hoyo por la gracia de Dios. Tú no decidiste recibir a Cristo por ti mismo. Dios te dio la habilidad y el deseo primordial de tomar esa decisión. Y Él te dará la gracia para vencer la esclavitud sexual que ahora asedia tu alma. Pero esto no sucede con solo más oraciones o esfuerzo de tu parte. Solo tomará lugar cuando estés cara a cara con la sanidad profunda y la restauración que Dios quiere traer a tu alma. Mefiboset estaba en un lugar llamado Lodebar, que significa: “sin pasto”; un lugar de desolación y soledad. El aislamiento yace en el centro de la adicción sexual. Es un desorden de intimidad o conexión. Nunca he aconsejado a un hombre ue lucha con temas sexuales en su vida que no haya pasado algún tiempo en Lodebar. No es que quieran vivir en Lodebar; el problema es que quedan atrapados allí, como Mefiboset. Todos tienen una historia de dolor.

¿Qué es una historia de dolor? Es el historial que tenemos dentro de nuestra alma. Se trata de esas veces en que fuimos heridos y traicionados. Es un hilo oscuro de dolor que todos podemos tener muy dentro de nosotros. Es el precio de crecer en un mundo caído. El problema es que el historial generalmente es establecido muy temprano en nuestra vida. Como David, podemos llevar heridas profundas de nuestra familia de origen. Las heridas han estado allí por tanto tiempo que ya no las notamos. Sin embargo, controlan nuestro proceso de pensamiento en un nivel límbico.

Eso no quiere decir que nuestras decisiones adictivas son causadas por las acciones de otros. Nosotros tomamos las decisiones. Pero si no
entendemos el dolor de nuestro pasado, no podremos reclamar la bendición y el destino que Dios ha preparado para nosotros en el futuro.
Bendiciones que Dios ha ordenado para nosotros desde el inicio del tiempo. El enemigo de nuestra alma complica aún más el asunto al asegurarse de reforzar el tema de nuestro pasado. Es así como nuestros dolores se acumulan en nuestra alma. Muy pronto el “derecho” se convierte en parte de nuestro proceso de pensamientos. Podemos decirnos silenciosamente: “Estoy tan herido; por lo tanto, este tipo de actividad es una manera aceptable de medicar mi dolor interno”.

Cuando Siba tocó la puerta de Mefiboset en Lodebar, él probablemente le dijo a Siba que se fuera. Pero estoy seguro de que Siba insistió tocando la puerta hasta que Mefiboset escuchó el mensaje: “El rey necesita de ti”. En ese momento Mefiboset tuvo que tratar con su historia de dolor. Él pudo continuar por el camino de intimidad negativa al decirse a sí mismo su historia y cómo fue traicionado. Si él hubiese examinado su historia una y otra vez, nunca hubiese salido de Lodebar. En cambio, arriesgándose en grande, vino al palacio y descubrió la bondad de Dios de una manera que jamás imaginó posible.

Ejercicio de historia de dolor. El siguiente ejercicio te desafiará como la llegada de Siba desafió a Mefiboset. Te resultará arriesgado e incómodo responder a las preguntas. Por favor no te apresures con este ejercicio. De hecho, puede ser mejor que primero leas las preguntas y le pidas al Espíritu Santo que te permita ver en lo más profundo de tu alma. Nota los patrones de dolor; aún más importante, descubre lo que Dios ha estado tramando contigo al correr de tu vida, a pesar del dolor.

Asignaciones… para la próxima vez