fbpx

PILAR DOS: LECCIÓN UNO

Session
Materials

Esperanza en medio de la desesperanza
Por Harry Flanagan

Por favor lee los capítulos 5 al 9 del libro Deseo Ser Puro antes de trabajar en los Pilares 2 y 3.

¿Cuántas veces, en relación con tu comportamiento adictivo, te has dicho: “esta es la última vez, nunca más lo volveré a hacer”? Sé honesto, todos los que batallamos con la adicción sexual hemos hecho esta promesa solo para romperla una y otra vez. Entendemos el deseo del comportamiento adictivo pero no entendemos el proceso interno de la adicción. El apóstol Pablo entendió el tormento.

Realmente no me entiendo a mí mismo, porque quiero hacer lo que es correcto pero no lo hago. En cambio, hago lo que odio. Romanos 7:15 (NTV)

Sí, Pablo le habla al problema. La adicción sexual te hará daño a ti y a cada persona que esté significativamente conectada contigo. Tú y yo queremos hacer lo que es correcto; amamos a Dios y queremos amar a aquellos que nos rodean, especialmente los que están cercanos a nosotros. Pero al final nos encontramos haciendo exactamente lo que sabemos que va a herir a todos los que nos aman. Esa es mi historia.

Herí a cada persona que me amaba y confiaba en mí. Viví la vida de un hipócrita. El daño de mi adicción fue como mínimo horroroso. Lastimé a cada miembro de la iglesia a la que pastoreé, a mi esposa, a mis hijos, a mis amigos pastores y colegas, a mi familia de origen. Y lo peor de todo es que por toda una década traté de detener la adicción, todo en vano, pues intenté hacerlo bajo mis propios términos y condiciones. No sabía qué hacer, y no tenía esperanza de ser libre. Estaba atrapado en la adicción, y viví una vida secreta (muy parecida a la del príncipe en la parábola del dragón en el capítulo 2, empezando en la página 33 del libro Deseo Ser Puro de Ted Roberts).

Tuve tres amoríos de largo tiempo con mujeres de mi iglesia, y también ocasionalmente leía novelas pornográficas y veía revistas de pornografía; tenía una vida de fantasías activa. Aun así, amaba a Dios. Estaba tan confundido. ¿Cómo puedo realmente amar a Dios y estar involucrado en este comportamiento tan espantoso? Temía, ante todo, ser descubierto. Así que mantuve el secreto. El control se convirtió en mi línea de existencia. “Si puedo mantener el secreto, tal vez pueda resolverlo por mí mismo”, pensaba.

Esto se mantuvo por tres años, y la verdad, lo cual es obvio ahora, es que estaba perdiendo a mi familia por la muerte lenta de la intimidad en mi matrimonio y con mis hijos. No tenía amigos con quien compartir mis secretos. Me sentía condenado. Temía que un día el secreto saliera a la luz. El temor y el pavor se convirtieron en las fuerzas emocionales que controlaban mi vida. Estaba existiendo más que viviendo; aún así me ponía la máscara de ser un pastor amoroso en el trabajo, y un esposo y padre amoroso en casa. Qué farsa, y qué vida tan vergonzosa con la cual herí a las personas que amo.

Estaba solo. Sentía que Dios estaba a millones de kilómetros de distancia. No me había hecho la pregunta clave: “¿Quién se alejó?”. Yo pensé que Dios cuanto mucho me toleraba y cuanto menos me odiaba. Estaba atascado y le tenía pavor al contacto con las personas. No quería contestar el teléfono o abrir la puerta. Me convertí en un holgazán, y era un miembro emocionalmente ausente de mi familia. La vida se convirtió en una pesadez. La verdad era que no confiaba en Dios, entonces fui yo quien creó esa isla de aislamiento y me mudé allí, lejos de Dios y de mis seres queridos. Pensé que iba a sufrir una crisis nerviosa o volverme loco; no sabía cuánto más iba a poder seguir así, algo tendría que suceder, y así fue.

Esta fecha esta grabada en mi mente: lunes 20 de septiembre de 1993. Fue un día muy doloroso. Sin embargo, fue el día que me inició en el camino hacia la libertad, el camino que traería mi libertad. Ese día mi hijo estaba mudándose para vivir en su universidad. Esa mañana él me escuchó hablar por teléfono con una mujer y se dio cuenta de que estaba teniendo un amorío. Justo después se fue a la universidad, pero no sin antes pasar por la oficina de mi esposa y fielmente contarle lo que había escuchado. Mi esposa, con toda razón, estaba furiosa y humillada. Pronto se divorció de mí, vendió nuestra casa, y ella con nuestros hijos se mudaron a una comunidad en donde se sintió segura.

Hice una llamada a mis padres, en la que les confesé y, finalmente, les pregunté si me podía mudar a vivir de nuevo con ellos. Tenía 43 años de edad. Qué humillante fue estar tan necesitado que tuve que volver a vivir con mis padres a esa edad. La autocompasión, la vergüenza y el desaliento describían con exactitud mi estado mental.

Durante una llamada telefónica que cambió mi vida le confesé mi pecado a mi mentor Morris, quien también era pastor; básicamente lloré. Pero Morris tenía cosas increíbles que decirme. Primero me dijo: “Harry, estás en un lugar infernal en este momento, pero no habías estado en un lugar tan bueno como este en mucho tiempo”. Me dijo que tres días antes de aquella llamada en la que fui descubierto (el 17 de septiembre de 1993) él estaba orando e intercediendo por varias personas, y yo estaba en esa lista. Cuando llegó a mi nombre y empezó a orar por mí, Dios interrumpió su oración, le dijo que yo estaba atrapado en pecado, que no podía encontrar la salida y que ya no podía aguantarlo más. Dios también le dijo: “Voy a exponerlo y, cuando lo haga, él te llamará”. Morris estuvo sentado cerca del teléfono durante tres días esperando por mi llamada, hasta la noche del 20 de septiembre. Esto habla de un amigo leal.

Me tomó varios días entender esa llamada telefónica. De hecho, mientras más lo pensaba, más empezaba a darme cuenta de que Dios, por alguna razón, estaba trabajando en mi restauración desde antes de que yo lo hiciera. ¡Él aún me amaba y valoraba! ¡Qué impresionante! Ese fue mi primer rayo de esperanza. Había una posibilidad de sobrevivir a esto. Me aferré a esa llamada telefónica con Morris a lo largo de mi travesía para la recuperación que Dios me había dado. He aprendido a confiar en su amor por mí. Y citando a uno de mis jóvenes amigos puedo decir: DEBTET, las siglas de Dios Es Bueno Todo El Tiempo.

Dios ya está trabajando en tu restauración, lo sé porque de lo contrario no estarías leyendo esto. Tal vez no estés consciente de esto pero es la verdad, por lo tanto hay esperanza. Él promete que no va a descansar hasta que haya terminado lo que empezó en nosotros. En nuestra vergüenza y dolor nosotros decidimos. Decimos mentiras y también tenemos mentiras de omisión, todo para proteger el secreto de nuestro estilo de vida adictivo, pero Dios está en el negocio de la restauración. ¡Su deseo es que seamos libres!

Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús. Filipenses 1:6 (NVI)

Es hora de poner a un lado tus mentiras y engaños, y empezar a contar tu historia real sobre quién eres; empezar el proceso de descubrir cómo llegaste hasta acá en tu vida. Solo recuerda: Él está de tu lado, y quiere ser tu socio en tu sanidad. Pero esto no puede suceder por completo hasta que admitas tu verdadera historia.

Asignaciones… para la próxima vez

  1. Tu primera asignación en esta lección es hacer una simple pero completa lista de los elementos significativos de tu vida secreta.

Acá hay algunos ejemplos de mi vida:

• Me convertí en un adicto a las novelas pornográficas a la edad de nueve
años.
• También he visto cientos de fotos pornográficas.
• Tuve un amorío con __ que duro tres años.

Ahora comienza a escribir los elementos significativos de tu vida adictiva:

  1. En un pedazo de papel en blanco escribe un primer borrador de tu historia adictiva, incluyendo esos elementos significativos de tu vida adictiva escritos en la lista anterior.

• Nota: A medida que estés más sano tu testimonio crecerá hasta uno lleno de detalles y de conciencia propia, pero esta asignación es un
buen comienzo.

  1. Continúa leyendo el libro Deseo Ser Puro. Si no lo has hecho, termina de leer los capítulos 5 al 9 para que estés preparado para completar los Pilares 2 y 3.